lunes, 9 de julio de 2012

EL ARTE MODERNO Y LA GENTE DE A PIE
por Miguel Guerrero

Gran parte del arte es belleza, y la belleza es la ausencia de imperfecciones.

El arte moderno es un arte incomprendido por su sociedad. No se me ocurre pensar en un ciudadano del siglo XVII extrañado ante la obra de Velázquez. o un ciudadano de la grecia clśasica estrañado de la Venus de Milo. Tampoco puedo imaginar a un romano del siglo XVI considerando “feas”, “extrañas”, “raras” o “incomprensibles” las esculturas de Miguel Ángel. En mi opinión, más del 90% del arte abstracto no es arte.

“Una vez fui a un museo y pagué por ver unos cuadros blancos salpicados con tinta negra. La explicación de la obra tenía más arte que la misma obra. Entre lo escrito y lo que veía había un abismo”. Un crítico de arte podría hacer una descripción absolutamente genial de las sombras y formas que producen la luz dentro de una cueva o de las formas caprichosas que forman las nubes. ¿Dónde está el arte, en las nubes o en la descripción?

Parece que el arte moderno pretende ir más allá de la belleza o del arte puro. Busca caminos diferentes y "lo que nunca se ha hecho". Busca realizar obras incomprensibles para la sociedad de su época, y los expertos en arte pretenden comprender lo que no se puede comprender, lo que es incomprensible para las generaciones de su época. En el arte moderno se encuentra más arte en la explicación, montaje y escenificación de la obra que en la obra en sí misma. De esta manera se asemeja más a un “pseudoarte” donde los expertos actúan como videntes al intentar explicar obras incomprensibles para su sociedad contemporánea, y otros, la mayoría, utilizan palabras “rimbombantes” pero vacías de significado que habitualmente acompañan las actividades de arte moderno. Esa obra “artística” necesita de todo ese discurso exterior a ella para serlo; es como volver a la tradición oral en una sociedad analfabeta. Sin la narración y escenificación, la obra artística o el espacio museográfico y la mercadotecnia pierden sentido y se desvanece. Por ello los que tienen arte para narrar son los que dominan el mercado del arte, y los que dominan pueden ser corruptos o deshonestos. Con esta especie de dogma impuesto no vale lo de que una imagen vale más que mil palabras. Por ello, muchos snobs con jugosas carteras pagan lo que otros deciden qué es arte. Ese es el nuevo poder que ha regido al mundo del arte de los últimos años.

Y claro, con este panorama pueden campar a sus anchas los farsantes, imitadores y mediocres, disfrazados dentro de un mar muy complejo, donde algunas cosas buenas y de calidad pasan muchas veces desapercibidas o no son importantes, y donde lo corriente y vulgar puede tener un sitio privilegiado con tal de que adopte el papel de “nuevo” o “diferente”.

 El arte moderno es un idioma y, como todos los idiomas, exige un aprendizaje, pero un  aprendizaje que se comporta como un dogma o doctrina. Y por eso el rechazo del público hacia el arte moderno es un síntoma de su deseo de juzgar por sí mismo, de no aceptar la delimitación autoritaria de lo que es o no arte según lo dictan los expertos.

Nos dice Baudrillard, el “arte apuesta a esa incertidumbre, a la imposibilidad de un juicio de valor estético fundado, y especula con la culpa de los que no lo entienden, o no entendieron que no había nada que entender”. Robert Hughes: “Las obras de arte, en la cultura occidental actual, funcionan de la misma forma que las celebridades. Las largas filas para ver algunas exhibiciones y los altos precios de algunas obras han convertido el arte en un espectáculo. Y si el arte se vuelve un espectáculo pierde significado.”

Otro problema del arte moderno es que hay mucha más oferta que demanda. Cada año salen miles de licenciados en el mundo, gente bien preparada para expresar arte. Sabemos que cuando hay excedente se deprecia el producto, y por este motivo se buscan estrategias para dar valor a algunas obras, porque a todas es imposible. El éxito de una obra es así una simple operación de mercado. Se crea primero una moda y luego se convierte en necesidad y exigencia. Si el arte va por el rumbo de lo fácil y ya no requiere ninguna técnica ni soporte conocido (digamos habilidad para dibujar), entonces lo que queda es el artista y su serie de puntadas, de ocurrencias simples.

 Hacer algo, lo que sea, mientras sea uno el primero en hacerlo, es suficiente para “crear” arte, o considerarse artista. Así que poner una caja de zapatos en un frigorífico es por definición un acto artístico.
El arte está dentro de cada uno de nosotros. Podemos ver arte donde nos diga nuestra conciencia y no solamente donde nos digan las modas, los expertos, o los que nos quieren vender “la moto”. Cada uno ve el arte a su manera y no de una forma establecida. Precisamente pasan a la historia muchas obras de arte repudiadas en su propia época por no entrar dentro de los patrones establecidos.

Me quedo tranquilo con lo que aquí se comenta porque sé que hay mucha gente que está de acuerdo en lo que digo. Puede que haya gente que piense que soy un ignorante de la historia del arte o del arte moderno, y les diré que seguramente tienen razón, pero también les digo, por muy expertos que sean, que probablemente ellos no serán capaces de diferenciar una obra de arte moderno de un cuadro pintado por niños. Por si alguien  tiene dudas y quiere evitar hacer el ridículo le aconsejo que vea este vídeo: http://www.youtube.com/watch?v=Pj4MVtoNWZc&feature=player_embedded

Según Francisco Viesca “los genios se hacen fuera del sistema”. La academia son para las masas…y estoy muy de acuerdo con él, porque en mi opinión, las personas con genialidad artística suelen tener muy complicado completar con éxito una carrera universitaria...como la de bellas artes. Para completar una carrera universitaria se necesita tener un hemisferio cerebral izquierdo "muy bien amueblado", cosa difícil de darse en este tipo de personas. Y hoy en día si no tienes carrera de bellas artes parece que ni entiendes ni sabes realizar arte. Así pues, creo que a estos artistas con un potente hemisferio derecho, seguramente les será complicado encontrar el reconocimiento y el éxito de sus contemporáneos.




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